México - Pueblo Maya

DESCRIPCI?N DE LA CULTURA DEL AGUA

La cultura maya prehispánica se asienta en un territorio de aproximadamente 900 kilómetros de norte a sur. Su asentamiento se puede subdividir en tres grandes regiones: La península de Yucatán, donde prácticamente no hay cuerpos de agua superficial, sino subterráneos; la zona costera oriental del mar Caribe, donde hay aguas superficiales y subterráneas; y las Tierras Bajas de Guatemala, con el lago Petén-Itzá (Soustelle, 2003: 9). La evidencia más antigua de poblamiento en la región maya se remonta al 1200-400 a.C., en el periodo Preclásico Medio. Según Thompson (2003), la historia de los mayas  tiene varios periodos. ?l identifica el periodo formativo de 1500 a. C. a 200 d. C.,en comparación con las fechas que otros autores manejan, como el dato mencionado anteriormente. En este periodo ya hay construcción de pirámides y la escritura jeroglífica, que Thompson en este periodo califica de ??elemental?.

El periodo clásico, de 200 a. C. al 925 d. C., tiene como característica una fase temprana de definición del arte maya y la construcción de estelas (como las de Tikal, Uaxactún, Copán, Yaxchilán). En el periodo de florecimiento (625 d.C. a 800 d. C.)  se da el auge de la escultura y la escritura jeroglífica y existe una expansión de centros ceremoniales. En el periodo conocido como de caída (800 d. C. al 925 d. C.) son abandonados los centros de población. El siguiente periodo, llamado por Thompson como ??mexicano? (975 d. C. al 1200 d. C.) tiene la característica de que grupos mexicanizados se introducen en la cultura maya. Conquistan Chichén Itzá y predomina lo que algunos autores han llamado como ??arte tipo tolteca?.

El último periodo (1200 d.C. al 1540 d. C.) se establece el imperio del Mayapán y los grupos de poder retoman la corriente ??maya?, dejando poco a poco la influencia de la cultura mexicana. Los centros ceremoniales se convierten en ciudades y el territorio se divide en señoríos, en el periodo tardío. Existe ya un sistema de intercambio marítimo con ciudades como Tulum. Los primeros contactos históricos con el mundo maya inician en 1517 con la de expedición del capitán español Francisco Hernández de Córdoba. Para Thompson, la civilización maya termina con la conquista española de Guatemala (1525) y de Yucatán (1541).

Culturalmente, durante el Periodo Clásico, del 200 al 900 d.C., en las grandes ciudades mesoamericanas se profundiza en un modelo civilizatorio iniciado por la cultura olmeca, que sin menoscabo de la diversidad etnolingüística y la pluralidad cultural, será compartido a través del tiempo y del espacio, por un vasto universo social y geográfico, que perduró hasta la llegada de los españoles. En dicho modelo, la  cosmovisión del agua cobrará una relevancia de primer orden.

En las ciudades mayas las evocaciones de las deidades del agua se multiplican y están presentes en su iconografía, en su arquitectura templaria, en sus rituales, así como en sus relatos y su historia escrita. El florecimiento de la cultura maya es uno de los momentos cumbres de la civilización en Mesoamérica, con un territorio que abarcó la Península de Yucatán, las actuales provincias mexicanas de Veracruz, Tabasco y Chiapas además de regiones localizadas en lo que hoy son los territorios de Guatemala, Belice y Honduras.

Mitos y leyendas u otros relatos:
Los mayas entendieron que en el cosmos reinaban energías poderosas y que éstas se manifestaban en la naturaleza. El agua era una de las fuerzas rectoras y el sostén primordial de la estructura del mundo. La divinización de este elemento y su simbolización se constituyó en una poderosa manera de comprender  y expresar cognitivamente el mundo, al grado de que se conformó en un medio de comunicación determinante para las comunidades mayanses, esto era así,  porque los dioses y los hombres podían entenderse y pactar acuerdos sagrados. De este diálogo místico dependía su permanencia.

En consecuencia, el tiempo, el maíz y el agua, transformados en los dueños del mundo, son una tríada que obsesionó a los mayas. Todo ello quizás por la fragilidad de la vida frente al poder de las fuerzas naturales (dioses encarnados) que se manifiestan durante los movimientos telúricos, las sequías y los embates de los fenómenos atmosféricos. Situaciones que afectaron y propiciaron una percepción de que las cosas y el mundo mismo no perduran para siempre. Tanto en el Popol Vuh como en el libro de Chilam Balam, se recoge esa preocupación. Seguidores de la idea mesoamericana de que las eras solares se renuevan, para los mayas nuestro mundo ha sido destruido y construido varias veces por la voluntad de los dioses que a través de cataclismos de fuego, huracanes, movimientos telúricos y diluvios los han arrasado.

En una escena (Página 74) en el Códice Dresde se representa a la vieja diosa roja vertiendo un cántaro con agua. La escena del Códice Dresde ha sido interpretada por León Portilla como una en donde se conjuntan elementos de un diluvio universal y de un almanaque de ??alteraciones meteorológicas?, en donde hay ??un caso de polisemia o pluralidad de significaciones no muy raro en el contexto cultural mesoamericano". En esta escena, en un tiempo mítico, la vieja diosa roja e Itzamná vierten agua sobre la tierra, seguramente la representación de un diluvio. Aparece también un Bacab negro, uno de los pilares de la tierra o sostenedores del cielo. La escena parece aludir al gran diluvio que terminó con la tercera edad de la tierra y que es mencionado en el Popol Vuh.

El principio del mundo:
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En El Libro de Chilam Balam de Chumayel (2001: 89), menciona que:
Y se levantó la Gran Madre Ceiba [Yaax Imix Che, ??Ceiba verde?], en medio del recuerdo de la destrucción de la tierra. Se asentó derecha y alzó su copa pidiendo hojas eternas. Y con sus ramas y sus raíces llamaba a su Señor.

La sagrada ceiba verde se levanta para refundar el universo, para dar nueva continuidad a la tierra. Antes del levantamiento de la ceiba verde ocurren otros acontecimientos: es el fin de la tierra, y las grandes aguas han inundado todo, la Gran Serpiente había sido robada, se cayó el cielo y la tierra se hundía. Se trataba de una era de caos total, caos que llevaba la destrucción del mundo. Pero el orden comenzó a restablecerse: aparecen los cuatro Bacab, que nivelan la tierra y que fundan sus lugares de estancia eterna. Luego, se yerguen cuatro ceibas más, primero la ceiba blanca, la negra, la amarilla y la roja, aunque en el texto original no se menciona ésta última. Y, después, se yergue la gran ceiba verde, en el centro. El simbolismo de la organización del mundo bajo esta forma de quincunce es representativa de la cultura maya antigua: desde el trazado de las ciudades hasta la organización religiosa tenían que ver con ello. Snodgrass (1990: s/n), habla de la conformación del ??cosmos cruciforme mesoamericano? y plantea al organización religiosa, social y hasta arquitectónica siguiendo este patrón.

Con estos elementos, la cultura maya antigua puso orden al caos que imperó en la tierra, después del gran diluvio. Así se recompone el universo, así se permite que los ??hombres amarillos? caminen por la faz de la tierra. Aunque todavía no había sol ni luna. El principio de orden estaba dado por el establecimiento del espacio, los puntos cardinales o los lados del cielo y los tres niveles del universo mencionados?. (Murillo, 2005: 150-152). Se sugiere, para un compendio mayor, consultar los libros del Chilam Balam, el Popol Vuh y otros documentos, como el Título de Totonicapan, para profundizar en varios mitos mayas.

El agua en la cosmogonía maya
Para comprender la significación del agua entre los mayas es necesario saber que el cosmos estaba dividido en tres niveles partiendo de la superficie terrestre como una plataforma inicial. Por encima de ella se  alzaban 13 pisos  celestiales, dispuestos a la manera de una pirámide los primeros seis de un lado que conducía al séptimo que a manera de una plataforma lo enlazaba a otro grupo de 6 capas celestiales descendentes. Por debajo de la superficie terrestre se tenían otros 9 niveles. El sol recorría esta estructura cósmica, dónde el séptimo nivel correspondía al cenit, al llegar aquí iniciaba su descenso.

A nivel de la tierra vivían los hombres; abajo reinaban las divinidades del inframundo, los Bolontikú o Señores de Xibalbá; y en los cielos cupulares estaba la residencia de los númenes celestes, las 13 deidades llamadas Oxalahuntikú.

Al gobernante mayor de los cielos se le nombraba Itzamná, que algunos traducen como iguana o lagarto. Está asociado simultáneamente con el agua, el sol, Venus, la tierra y con la invención de la escritura; es propiamente una energía cósmica que mantiene la arquitectura y el funcionamiento del cosmos. Una de sus representaciones más habituales es en forma de serpiente bicéfala. Como otras divinidades mayas, Itzamná era  una deidad cuádruple ligada a los cuatro rumbos cardinales, que a su vez estaban representados por  los colores: el rojo era el este, el blanco el norte, el negro el oeste y el amarillo el sur. A su vez, los colores se ligan al maíz, ya que sus semillas pueden tener esos tonos. Es un numen también asociado con la serpiente, la iguana y el lagarto. A Itzamná se le identifica con el ??rocío o sustancia del cielo y las nubes?.

Más que encargarse de la actividad pluvial, Itzamná encarna la energía que crea el agua pues en su reino se gestan las nubes de lluvia y los rayos y desde ahí se entrega a la tierra la caricia de la humedad. Itzamná está vinculado a Venus y éste a la lluvia, Iván Sprajc ha señalado que en las regiones bajas de los mayas del sur:

Los extremos máximos norte de Venus como estrella de la tarde coinciden casi exactamente con el primer paso anual del sol por el cenit.

En estas latitudes, ello significa que están por llegar las primeras lluvias, que normalmente se inician en los primeros días de mayo.

Representado como monstruo de la tierra, a este dios se le llama Itzamná Itzam Cab, (Brujo del Agua Tierra Cocodrilo) y es sobre su cuerpo, similar a un lagarto, que la tierra y sus cuerpos de agua se han formado. En la cosmogonía maya, la tierra era pensada como una isla rectangular o cuadrada rodeada de agua. Para simbolizar esta idea, unas veces se dibujaba una tortuga o un lagarto que sobresale en medio del agua, y otras se mostraba a una especie de monstruo, un reptil, dividido en cuatro partes sobre el que emerge la vegetación y habitan los hombres.

El dios propiamente del agua, dador de la lluvia, es Chac. Su imagen es una figura humana caracterizada por tener una enorme nariz ganchuda. Para señalar que es un dios antiguo y de gran autoridad se le dibuja desdentado o con un solo diente. De su boca a la manera de una serpiente, sale un par de retorcidos colmillos y en una de sus manos porta un hacha de piedra con mango de madera, con la cual produce los rayos. Lleva sobre su cabeza una serpiente y a veces va montado sobre su lomo. Su ojo, que simboliza el día Ik, puede ser también tomado como una lágrima equivalente a la lluvia. Este dios a su vez se desdobla en múltiples pequeñas deidades denominadas chacs. Son ellos los encargados de hacer llover, producir tormentas y lanzar rayos con sus hachas de pedernal. Es a los chacs que los campesinos mayas hacían rogaciones para que la lluvia fuera benéfica y fertilizara sus cultivos. Tan importantes han sido para los mayas que aún hoy en día se les invoca para que rieguen sus milpas, mediante la ceremonia del Ch´a chac, es decir,  llamamiento a los chacs. De acuerdo con Gonzáles, se les pintaba vertiendo agua a jicarazos. Otro de sus nombres era Ah Hayaob, los que riegan o los que orinan.

Los chacs tienen a su vez a las ranas como sus voceros pluviales, ya que al croar invocan a los hacedores de la lluvia para que vacíen sus aguas en los cultivos. En las tierras donde predominan los suelos de piedra caliza y prospera la selva tropical baja no se venera a los montes o a los cerros, sino a los depósitos de agua subterránea, los dzonot o cenotes. En el interior de las enormes oquedades que se forman en el afloramiento de estas cisternas naturales  los mayas practicaron ceremonias que incluían sacrificios humano y   ofrendas a los dioses del agua. Como sucedió con los mexicas (y otros grupos nahuas)  las aguas originales provienen del Tlalocan, el edén subterráneo de los dioses del agua. Los mayas seguramente compartían esa visión.

Todavía hoy, en las ceremonias de petición de lluvia, se colocan en los altares jarritos (pequeños recipientes de barro) con agua de los cenotes sagrados, porque se considera que esta agua es la más pura y virginal.

Por otra parte, cuando los dioses decidieron crear la tierra y las aguas, irguieron cuatro hombres cósmicos para separar el cielo de la tierra hasta esos momentos compactados. A estos sostenedores se les representó portando sobre sus espaldas cuatro cargadores conocidos como Bacab. Cada uno de ellos está situado en un punto cardinal de la bóveda celeste. En el cruce de las cuatro esquinas del mundo, en el punto donde se forma el quincunce, los mayas imaginaron que se elevaba una ceiba cuyas raíces se hundían en el inframundo y su copa arbórea se desplegaba en el cielo.

Alude a este Árbol-Mundo, la figura de la estela 25 de Izapa, Chiapas, en la que se estampó de pie sobre la tierra un cuerpo de árbol con cabeza de lagarto de cuya cola brotan plantas donde se posa un pájaro. Lo llamaban Wakah-Chan Seis Cielo o Cielo Elevado. Esta idea de axis mundi fue magistralmente representada en el Tablero de la Cruz Foliada de Palenque. Que la planta de maíz se represente erguida brindando sus mazorcas es el testimonio metafórico de que el mundo de los hombres ha podido conservar y preservar el edificio del cosmos, y de que los dioses han cumplido con su cometido de ser los donadores de lluvia y de sustento. Es precisamente merced a esta donación que adquiere su dimensión divina. Es tal la trascendencia del maíz, que el ciclo de esta gramínea constituyó uno de los ejes centrales de su cosmovisión.

Ixchel la diosa vieja, también está asociada con el agua, la fertilidad, el tejido,  la luna, el parto y la medicina. En la iconografía maya se la dibuja como una vieja con una serpiente encima de su cabeza, patas de jaguar y falda de huesos. Sus manos arrojan un chorro de agua que vierte de un cántaro, como aparece en el Códice Dresde. Se piensa que con esta imagen que los mayas querían simbolizar las intensas precipitaciones y los males que podrían acarrear los excesos de agua sobre la tierra. Ixchel está, pues, asociada a las crecidas y desbordamientos de los ríos  de las zonas tórridas del trópico húmedo.(opus. cit.). Lo mismo sucede con el dios Huracán, que junto con la deidad de los rayos, según el Popol Vuh, es el Corazón del Cielo, y que puede a voluntad crear o destruir mundos con sus torrentes y vientos. La propia creación y vida de los hombres depende de ellos.

En el Chilam Balam se da cuenta de una crisis de ruptura cósmica cuando se narra que los 13 dioses celestes capturan a los 9 dioses del inframundo y se roban a la Serpiente de la Vida, a Canhel, (otro desdoblamiento más de Iztamná) provocando un diluvio: ??y cuando fue robada la Gran Serpiente, se desplomó el firmamento y hundió la tierra?. Para que la armonía del cosmos no se destruyera, los mayas sostenían una comunicación permanente con sus deidades a través de rituales, sacrificios y ofrendas en los que la sangre, líquido sagrado, se usaba para sellar el pacto humano con los dioses. A través de este pacto, los dioses mantenían la arquitectura del cosmos y se encargaban de hacer funcionar la naturaleza en beneficio de los hombres. En ese sentido, otra de las deidades mayas, Kukulkan o Gucumatz, la Serpiente Emplumada, representa la energía vital del corazón del cosmos, es Canhel que forma las nubes, hace llover y que por las venas de la tierra mantiene el prodigio de circular el agua y hacer florecer el maíz.

??Una de las más importantes ciudades mayas de la antigüedad, fue, sin duda, Palenque. Para el tema de este apartado haré referencia a tres motivos principales: El Tablero de la Cruz, El Tablero de la Cruz Foliada y la Lápida de Pakal. Estas piezas artístico-religiosas tienen que ver con motivos que han sido interpretados en múltiples ocasiones y por varios autores. Primeramente, las tres piezas contienen elementos importantes en cuanto al simbolismo de la ceiba sagrada y la forma de la cruz. Específicamente, el Tablero de la Cruz Foliada muestra una escena donde el motivo central es una cruz, la representación de una planta de maíz, de donde surgen, en lugar de mazorcas, dos cabezas humanas, tal vez la representación del dios del maíz o, dado que los hombres fueron hechos de maíz, según la cosmovisión maya, la representación de algunos seres humanos. Aquí, al igual que en los otros tableros existe la cruz como eje que permite una comunicación entre el mundo celeste, el inframundo y el plano de los humanos. En los tres tableros aparece la representación del señor de la tierra, el Cauac y los tres presentan una corona sobre su cabeza que hace referencia a Kin, el sol. Este Cauac podría ser interpretado también como Itzam-cab-Aim, el brujo cocodrilo del agua y de la tierra, mencionado en el Libro del Chilam Balam de Chumayel (2001: 89). Un ave se posa sobre el árbol, lo que representa el cielo y los hombres aparecen dando una dimensión al plano de la tierra. Mientras que en el Tablero del templo de la Cruz y en el de la Cruz Foliada aparecen dos personajes al lado del árbol y de la planta de maíz, respectivamente, en la Lápida de Pakal aparece el gobernante enmedio, como parte de la ceiba y cayendo hacia atrás, hacia la tierra. En esta lápida y en el Tablero de la Cruz aparece una serpiente bicéfala, la representación de Itzamná, lagarto celeste, cruzando las ramas superiores del árbol que tienen con motivos de jade. Mientras que en el Tablero de la Cruz de las serpientes emergen pájaros-serpiente (Schele, 1974: 2), de las fauces de los ofidios en la Lápida de Pakal emergen dos dioses: el del fuego y el dios protector de familias nobles, Bolon Dzacab. Una representación parecida de Itzamná con su representación antropomórfica saliendo de sus fauces aparece en la página 4 del Códice Dresde. En esta misma lápida hay representaciones del dios sol, dos mascarones que aparecen en la parte superior, así como representaciones del maíz  cerca del cuerpo de Pakal, hacia arriba: una mazorca de maíz y la representación de una semilla de maíz.

En Palenque existen varias ventanas en la parte alta de las pirámides que representan a Ik, el segundo día de ese mes era Ik, dedicado a la lluvia y al viento, es decir, a Chaac, cuyo símbolo era una T mayúscula, a veces invertida y, también a veces, formando una cruz, al juntarse los dos tipos de T. Es de llamar la atención que el símbolo de esta letra coincide con la simbología de la cruz y que las ventanas en Palenque parecen indicar que se pide y se agradece la lluvia. En la ciudad de Uxmal aparecen varios mascarones de Chaac, en los que la prominente nariz aparece bajo estas dos formas: cuando se eleva hacia el cielo, se trata de dar las gracias por la abundante lluvia. Cuando aparece el mismo Chaac con la nariz hacia abajo indica que se trata de una petición de lluvia, señal de que el agua ha sido escasa. El simbolismo de la T mayúscula se puede aplicar en el mismo caso: para pedir y para agradecer.

En el Tablero del Templo de la Cruz y en el de la Cruz Foliada, el ave, Itzamná en su forma de pájaro celeste, parece observar a Pakal. No así en la lápida, en la que Pakal tiene el rostro vuelto hacia arriba pero el ave no lo voltea a ver. Es significativo que Pakal esté sobre el monstruo de la tierra y que el ave celeste ya no pueda mirarlo a la cara. Mientras que en los otros dos tableros Pakal parece mirarle y rezar o cantar. En la lápida de Pakal, ya no hay más respuesta de Itzamná, sino que ahora Pakal pertenece al dueño de la tierra. Pero también Pakal está en el lugar privilegiado para entablar comunicación con los dioses, la cruz, el árbol sagrado, que, en esta representación parece ser parte de él. No se puede afirmar si el árbol está detrás de Pakal o éste nace de él, recordando también la imagen que aparece en la página 3 del Códice Dresde, pero podríamos decir que Pakal forma parte de este árbol, Yaax Imix Che, la ceiba verde ubicada en el centro. La humanización de la naturaleza y de la sobrenaturaleza, en esta imagen, no podría estar más clara.

Pakal observa a la gran ceiba, pero también parece observar uno de los discos solares que se ubican a los lados de la ceiba, en la parte superior, esto parece corresponder al paraíso solar, donde las almas de los muertos acompañan al sol durante su trayecto por el cielo. Esta idea se ve reforzada porque en el tronco de la ceiba, junto a las piernas de Pakal se observa una figura que Alberto Ruz (1973) ha calificado como única en la iconografía maya y es la mitad del rostro del dios solar. Claramente, entre la mano izquierda y la rodilla derecha de Pakal, se ve el diente serrado, símbolo del dios solar. Así, el sol aparece como uno de los dioses importantes en la muerte del gobernante de Palenque. Pakal muere, como lo demarca su caída en las fauces del Cauac y los símbolos que aparecen entre los dos: la semilla del maíz, el caracol (que alude a la muerte, pero también al útero, a la obscuridad, entre otros atributos) y el signo cimi, muerte. Pero también Pakal representa al maíz que vuelve a la tierra y que resurge. El hombre es el maíz y que el propio Alberto Ruz ha mencionado:

Hombre y maíz son la misma cosa, puesto que participan de la misma sustancia y han de tener el mismo destino: como el grano enterrado, el hombre depositado en tierra después de muerto habrá de germinar y brotar de nuevo, vivo.?

??Para los antiguos documentos mayas, como el Códice Dresde, aparecen las figuras de Chaques haciendo referencia no sólo a colores, sino a lugares específicos y signos calendáricos. En la página 69a del citado códice, por ejemplo, aparece un Chac sobre una ceiba, la que tiene la mitad de color rojo (lo cálido) y la mitad azul (lo frío), en la conjunción y movimiento de las fuerzas de la tierra, y en la comunicación del inframundo con lo celeste. Existen varias representaciones de los Chaques que habría que revisar. Este códice nos demarca la existencia de un almanaque  que tiene que ver con las lluvias y el clima, es decir, de la naturaleza, pero también de la actuación de los dioses sobre ella. Entonces, es un almanaque sobre la naturaleza y la sobrenaturaleza, también.

Los dioses mayas antiguos debían llevar una carga de tiempo, lo que delimitaba los hechos que ocurrirían en determinados años y con determinados dioses patronos. Así, de esta forma, el tiempo como carga era imprescindible en la vida de los dioses, de ??deidades-periodos que van pasando sus cargas a otras? y de ??los hechos y consecuencias que de ellos se derivan para los seres humanos?. Esta imagen de carga y tiempo es ejemplificada en el siguiente extracto de Thompson ¾sobre su interpretación de la estela D de Copán¾ citado por el mismo León Portilla:

La cuenta de los tunes (los años). La diosa de la luna es quien preside. El dios Chicchan lleva la carga del baktún. El dios terreno del plano de los muertos lleva el katún. El dios de la tierra lleva la carga del año. La deidad que simboliza completamiento quita su carga al uinal y ha recorrido su jornada con el kin. El dios de los muertos descansa tras llevar a cuestas al dios Ahau.

Así, el tiempo era una carga para las deidades, en el sentido de que procuraban continuar con el camino del tiempo y llevaban los años a cuestas, sobre su protección. Como anota León Portilla, y también como lo dice López Austin:

Cuch indica en maya, entre otras cosas, la relación existente entre los dioses que, al unirse, forman una unidad de tiempo: uno de los dioses es cargador; el otro es la carga que el primero lleva sobre la espalda; entre ambos forman un ??dios-tiempo?. Por ello cuch es ??carga?, pero también ??destino? y ??cargo?, tanto en su forma oral como en su glifo?.

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