México - Pueblo Nahuas de la Huasteca

DESCRIPCI?N DEL PUEBLO, GRUPO ?TNICO O DE LA CULTURA:

Familia lingüística: Pertenecen al tronco lingüístico yuto-azteca o uto-nahua, encontrándose dentro del grupo dialectal del nahua septentrional.

Nombre propio: Los nahuas se llaman a sí mismos maseualmej (en singular maseuali) que quiere decir ??campesinos?, aunque también suelen autonominarse indígenas nauatl o mexicanos, sobre todo para distinguirse de otros pueblos indios. Sybille de Pury-Toumi señala como ??lo que nosotros nombramos azteca o náhuatl, ellos lo nombran mexicano (al hablar a los otros) y maseualcopa, nauatlahtoa u otras denominaciones (cuando hablan entre sí?.

Nombre atribuido: Los antropólogos los denominan nahuas de la Huasteca, como herencia de la deformación que los españoles hicieron del vocablo de la lengua mexica, es decir de náhuatl. Los mestizos de la región suelen llamarlos, sin distinguirlos de otros pueblos como ??compitas?, ??tlayitos?, ??inditos? e incluso ??gente sin razón?. Por su parte, los nahuas llaman a los mestizos koyomej (koyotl en singular), kaxtiltekamej o ??españolistas?, así como con los hoy menos frecuentes pinotl y tliltik.

Área cultural: Mesoamérica

Etnohistoria: El poblamiento de la región que da lugar a la conformación de la ??civilización? huasteca inicia hacia el año 2000 a.c. cuando cuatro grupos mayas emigran hacia la región del Río Pánuco y se establecen a lo largo del Golfo de México. Subsecuentes migraciones de otros pueblos que a la vez nutren y adoptan las tradiciones del área irán conformando la singularidad de Las Huastecas. Stresser-Péan ofrece una hipótesis, no exenta de ambigüedades, acerca de la antigüedad relativa de la incursión de los diferentes pueblos indios en las Huastecas: 1º huastecos, 2º totonacos y tepehuas (instalados probablemente en la misma época) y 3º otomíes y nahuas ??el orden de antigüedad entre estos últimos es dudoso??. Además del establecimiento permanente de estos grupos, la fértil tierra también fue polo de atracción de grupos nómadas chichimecas que cabalgaron la zona, siendo para algunos la razón y origen de la danza de ??Comanches? celebrada aún en diferentes comunidades de la región.

Se reconocen dos grandes períodos de incursión nahua en la región; la primera hacia el año 800 d.C.(período epiclásico) y la segunda como resultado de la expansión mexica durante el siglo XV de nuestra era. Al igual que otros grupos, los nahuas adoptan las tradiciones del área acuñando así la nominación de kuextekatl (huasteco) para designar a los habitantes de Kuextlan, sin hacer distinción entre los que eran aún realmente huastecos y los de zonas donde ya dominaba la lengua náhuatl.

Sobre las ingerencias nahuas en la región existen numerosos registros en distintos códices y crónicas. De la primera, en el período tolteca, el códice Chimalpopoca describe cómo unos huastecos fueron llevados como prisioneros desde kuextekatl ichokayan ??el sitio donde lloran los huastecos? hacia Tula, donde unos demonios femeninos llamados ixkuinanmej los sacrificaron a flechazos. De este hecho, Theodor Konrad Preuss afirmaba hace más de un siglo:

Los huastecos, habitantes del territorio al nororiente de México, abastecían a consecuencia de sus guerras frecuentes con México, el contingente de prisioneros para el sacrificio humano. Se cuenta que en otros tiempos la diosa de la tierra anunció a sus prisioneros huastecos, en este lugar donde los ??huastecos lloran?, que se dirigirían hacia Tollan, para ser ofrecidos en sacrificio.
(Preuss, [1905] en prensa: 34) 

Basado en diferentes fuentes, Williams García narra el recorrido que hacen los toltecas del Pacífico sobre el Istmo de Tehuantepec al poblado de Quiahuiztlan en Veracruz, de ahí a Zacatlán, Puebla, para más tarde retornar a la vertiente del Golfo de México a Tuzapan, prosiguiendo al norte ??cruzando Tzicoac?? hasta llegar a Huejutla, Hidalgo, donde descienden a Tulancingo y por último a Tula. Más tarde, ante el colapso tolteca, siguió un periodo de caos en el que Provost sitúa el avance de fuerzas otomíes del altiplano central hacia el suroeste de la Huasteca y el sureste de los asentamientos nahuas, pero al norte de los tepehuas y totonacos.

Sobre el periodo de la expansión del imperio mexica (posclásico tardío), el códice Telleriano Remensis narra cómo éstos incursionan en la región durante el reinado de Moctezuma Ilhuicamina, en el año makuili tochtli (1458), sujetando la provincia de Chicoaque [Tzicoac], cuya ubicación exacta se desconoce, aunque la hipótesis más sugerente afirma que la cabecera se asentaba en la Mesa de Cacahuatengo, en Ixhuatlán de Madero. Esta invasión parece responder más a razones suntuarias, ante la demanda de productos costeros que los nobles mexicas valoraban, que a alguna correlación con necesidades alimentarias. Guy Stresser-Péan refiere al resultado de la superposición de la invasión mexica en zona huasteca previa a la conquista española:

Todo esto nos lleva a pensar que los nahuas que se establecieron en el sur de la Huasteca deben ser en gran parte unos huastecos nahuatlizados, [...] En el último siglo de la época precolombina, un elemento nahua conquistador, pero [288] relativamente poco nombrado se superpuso seguramente a la antigua población indígena de la región, consiguiendo imponerle su lengua pero no su cultura.
(Stresser-Péan, 1964: 288-289) 

La estrategia militar mexica se vio fortalecida por esta penetración ya que, a partir de la ocupación de esta parte meridional de la Huasteca, se abrió una puerta hacia la conquista sistemática del Totonacapan, a tal grado que a la llegada de los españoles a esta región ya se le consideraba tributaria de Tenochtitlán. Motolinía señala que dichas contribuciones se repartían entre los señoríos de México, Texcoco y Tlacopa. Algunos de los pueblos sujetos y tributantes de la provincia de Tzicoac en la Huasteca, son Auatla, Xochimilco, Zocotetlan, Tezquizapan, Teonochtlan, Chicontepec, Chamola, Teoquautla, Tamazolla, Xoxocapan, Molanco, Xochitlán y Tlamacaztlan.

Antes de 1522, cuando el propio Hernán Cortés lideró una expedición militar en el norte de la región, sólo se habían hecho pequeñas expediciones por la rivera del Pánuco entre 1518 y 1519. El sometimiento de la población a la corona española fue por demás violento con escenas como la ejecutada por Gonzalo de Sandoval, quien trascendió históricamente al quemar a 400 nobles y 60 caciques de la zona y capturar a por lo menos 20 000 indios para comercializarlos como esclavos en las Antillas, en un periodo que duró aproximadamente los primeros 15 años posteriores a la conquista.

Los patrones de asentamiento y la densidad poblacional se vieron fuertemente modificados por la invasión española en el siglo XVI, a causa de la esclavitud, epidemias, trabajo excesivo y la política de congregación, con la que se comenzó un proceso de ??multiculturalidad? intensivo, al forzar a compartir un mismo espacio y patrón de asentamiento a diferentes pueblos, por ejemplo entre teeneks y nahuas en Ozuluama, Tantoyuca, Tamiahua y Tuxpan; o nahuas y otomíes en Chicontepec y Huejutla.

Con los primeros repartimientos de tierras, se crearon 130 encomiendas, dejando a cargo de éstas a igual número de españoles. Entre las principales encomiendas, Gómez Martínez señala que Tzicoac fue reclamada por el propio Cortés en 1526 y dos años después fue encomendada a Francisco Ramírez. Una parte de Chicontepec fue asignada a Diego de Coria antes de 1550, cuando Ramírez vendió la otra a Pedro de Menenses. Para 1595, Miguel Chávez adquiere por matrimonio la parte de los Menenses que más tarde pasó a Agustina Menenses. La de los Coria se transfirió a Francisco de Coria. Para 1626 Chicontepec aparece como posesión de la Corona y nuevamente como encomienda de 1629 a 1696.

En el plano de la conquista religiosa, el trabajo misionero en el sur de la Huasteca inició alrededor de 1530 con el arribo de la orden franciscana. Para 1533 llegan los agustinos, incursionando en Pahuatlán, Puebla y posteriormente en Chicontepec, iniciando uno los procesos más largos de evangelización. Dentro de los legados que ofrecen algunos cronistas franciscanos se encuentran los de Francisco de Sorita, evangelizador pionero de Chicontepec y de buena parte de la Huasteca costeña, quien en un documento fechado en el año de 1548 ofrecerá una breve descripción de un rito funerario:

Los indios imaginan que los difuntos se convierten en cultivadores de la planta del maíz y de otras plantas, cuyos frutos son comestibles. Cuando llevan la mortaja los acompañantes llevan consigo unas cañas verdes de maíz, que luego son plantadas en las tumbas, a fin de que no les falten alimentos.
(De Sorita, 1548: 18, citado en Gómez Martínez, 2004a: 197) 

Es hasta 1545 que se funda la vicaría de Chicontepeque, adscrita al obispado de Tlaxcala, cuya misión comprendía la Sierra Norte de Puebla, la zona de Papantla, la costa de Tuxpan y Tamiahua, así como toda la zona de Chicontec, por ser esta región tan amplia había presencia de los cinco pueblos indios: tepehuas, otomíes, totonacos, huastecos y nahuas. Para 1565 la doctrina pasa a manos de Juan de Luxan, quien preocupado porque los naturales continúan venerando a sus antiguos dioses, en un escrito convoca a los monjes agustinos del monasterio de Huejutla a sumarse a la tarea de evangelizar esta región, predicando en Ixhuatlán, que desde aquel momento ya concentraba a tres diferentes pueblos indios. En 1570, Luis Hidalgo Montemayor reduce el área de doctrina a lo que hoy es Chicontepec, Benito Juárez, Ixhuatlán de Madero y Tepetzintla; con la finalidad de hacer más intensa su labor de conversión; dos años más tarde este clérigo será destituido cuando el tribunal de la Santa Inquisición lo acuse por ??maltrato y exacciones a los indios?. En este sentido, a pesar de los esfuerzos de la Corona ??a través de la Real Audiencia?? de evitar la extinción de indios, sin embargo Tzicoac y Huitzilpopocatlan se despueblan. Williams García hace mención de un comisionado del rey, Diego Ramírez, que registra en una carta fechada en 1553 excesos por parte de los encomenderos, donde afirma:

[...] en todo lo que he visitado de entre la Veracruz y el Pánuco, los más caciques más propiamente se podrían llamar esclavos que no señores según su miseria y opresión, pues me ha constado que algunos andaban al monte por no verse presos por los tributos excesivos [62] de su encomendero, especialmente fue en un pueblo que se llama Cicoaque [Tzicoac].
[ene, 7: 107, citado en Williams García, 2004: 63) 

A partir de la destitución del clérigo Luis Hidalgo Montemayor toda esta zona se queda sin sacerdote, y sólo se mantienen visitas esporádicas de religiosos provenientes de Huejutla y Metztitlán.

Durante la colonia las Huastecas se dividieron en cinco alcaldías mayores: Huauchinango, Huayacocotla-Chicontepec, Pánuco-Tampico, Huejutla y Yahualica. En 1592, Luis de Velasco hijo ordena que los indios de Huayacocotla, esparcidos en más de cincuenta estancias, se concentren en tres sititos conforme a su lengua: mexicanos en Zontecomatlan, otomíes en Texcatepec y tepehuas en Pataloyan; los indios huyen a pueblos como Chicontepec, Huautla, Yahualica, Ilamatlán, Meztitlán, Tutotepec y Atotonilco, haciendo de esta región una verdadera zona de refugio. Ante este primer fracaso, en 1595, los conquistadores permiten a nahuas ocupar Pataloya, mientras que a los tepehuas se les autoriza estar en su antigua estancia, Alahuaco Tlachichilco, recibiendo también permiso para extenderse y ocupar nuevamente Santa Catalina Tlalquetzaloyan, donde se ubicaba anteriormente Tlaqueztepeua. Toda esta política territorial refleja un complejo proceso de ensayo-error en el que por un lado, los españoles, diseñan una división administrativa amplia para ejercer su dominio, mientras los naturales, buscan adaptarse a las formas impuestas por los conquistadores:

Ya sea cumpliendo exteriormente con los cánones cristianos, jurando lealtad al rey de España (que por entonces es una completa abstracción), o allegándose formulismos y códigos en su trato con el nuevo sector dominante, entablan puentes de comunicación lo suficientemente eficaces como para incorporarse al régimen colonial sin perder su antigua manera de vivir.
(Lazcarro, 2003: 461) 

Fue el mismo virrey, Luis de Velasco hijo, quien en 1598 ordenó la reducción de las estancias sujetas a la jurisdicción de Chicontepec, comprendidas dentro de la antigua provincia de Tzicoac, para congregarlos en cuatro sitios: Santa Catarina (Chicontepec), Santiago (Ilamatlán), San Cristóbal (Ixhuatlán) y San Francisco (Zontecomatlán), pues se consideraron lugares propicios por mostrar abundantes recursos naturales. Más tarde, en 1686, San Cristóbal y San Francisco, aliados con San Pedro Tlilzapoapan y Santa María Miahuatlán, solicitan segregarse de Chicontepec. En 1689 surge la República de Indios de San Cristóbal Izhuatlan, con sus sujetos San Francisco Apipiloguasco, San Pedro Hitapoapan y Santa María Miahuatlán, facultándolos así para nombrar gobernador y alcaldes. El siglo XVII será el punto neurálgico en donde el ??congregacionismo? consolidará la división del pueblo de Tzicoac.

A los distintos pueblos que se asentaban en la Huasteca septentrional también se sumaron otros grupos que se habían mantenido nómadas, tal es el caso de los pames a quienes se les obligó a cambiar su patrón de vida al sedentario. La administración virreinal estaba seriamente interesada en el volumen de la población y el tipo de ??granjerías? a las que se dedicaban, con el fin de extraer los mayores beneficios a sus colonias. Constantemente se realizaban censos de población y actividad para lo cual los españoles dedicaron innumerables visitas de inspección para corroborar pueblo por pueblo dicha información. En otras ocasiones, muchos de los señores autóctonos tuvieron que desplazarse a diferentes sitios para responder los cuestionamientos de las inspecciones.

Dentro de los mecanismos de dominación hispánica uno que sobresale por el cambio en la vida material es la consolidación de la propiedad privada, avasallando formas prehispánicas de usufructo de la tierra, las cuales presentaban un modelo de manejo con verticalidad andina aprovechado mediante el sistema de roza, con determinantes parentil-colectivas en las unidades productivas. El proceso es sumamente complejo, y comprende la suspensión de figuras propietarias autóctonas, la conversión del suelo ??vacante? en tierras realengas y la entrega de tierras, vía las mercedes, a diversas entidades colectivas e individuales, entre las que por supuesto destacó un grupo privilegiado de españoles.

En un principio los propietarios españoles privilegiaron la actividad ganadera en los terrenos por lo cual no necesitaron tanta fuerza de trabajo indígena, supliéndolos con el trabajo de negros y mulatos. Cuando la mano de obra indígena se hizo necesaria, les pagaron su trabajo, atrayendo así a numerosos empleados que huían de las obligaciones tributarias o que necesitaban dinero para subsanar gastos. Se puede afirmar que la típica hacienda de la bocasierra huasteca de mediados del siglo XVII era una propiedad mediana cuya merced fue entregada durante el periodo de Luis de Velasco, que mediante mecanismos sucesorios y mercantiles fue colocada en manos de empresarios españoles que incrementaron su propiedad mediante la usurpación o compra de tierras a pueblos circundantes. Estos últimos complementaron la cría de ganado mayor con producción azucarera y sus derivados.

A partir de mediados del siglo XVII comienzan las primeras formas de peonaje por deudas que tendrá gran auge durante todo el siglo XIX: los ??terrazgueros?, quienes laboran en haciendas mientras descansan sus parcelas, sujetando su permanencia a partir de la contracción de alguna deuda infranqueable. Paralelamente se da el auge del arriendo de tierra, aprovechando la gran demanda que generaban mestizos, negros y mulatos libres quienes las requerían para sostenerse. El peonaje genera diversos conflictos entre los pueblos y las unidades privadas, y sobre todo pone en entredicho el control de la Corona sobre la fuerza de trabajo y el pago de tributos y otras exacciones. De igual forma contribuye al progresivo desmantelamiento de los sistemas de autoridad tradicional y organizativos de los pueblos (Ibíd.: 80). La movilidad indígena y su consecuente imbricación en la sociedad novohispana produce cambios determinantes en la vida social y cultural de la población:

Su abandono de todo entorno preponderantemente indígena en favor de los espacios creados por los españoles, como ciudades, haciendas y minas, implicaba un desplazamiento no sólo espacial, sino social y cultural en su más amplia expresión.
(García Martínez, 1987: 263) 

Por otro lado, a mediados del siglo XVII muchos pueblos de las Huastecas en ocasiones también compraron tierras y ocuparon porciones de suelo realengo, sometiéndolas a tenencia colectiva, sin por ello excluir caciques y principales que aprovecharon la situación y se convirtieron en grandes propietarios. Algunas comunidades se asociaron como cofradías, anteponiendo a los conflictos territoriales razones espirituales, declarando sus bienes como posesiones de la Virgen o de un santo. Sin embargo, la apropiación de espacios iba más allá: la presión demográfica ??que comenzó a percibirse a finales del siglo XVII?? obligó a muchos indios a ocupar tierras que no eran de ellos, como en Ixhuatlán, donde se entabló un pleito entre herederos de Antonio Romero y los pueblos aledaños. Julieta Valle resume los principales conflictos de la región ubicados entre los años de 1680 y 1718, en cuatro vías principales:

a) el acaparamiento privado de tierras frente a las nuevas formas de asociación indígena; b) el poder de las familias propietarias y sus clientelas frente al crecimiento demográfico de los indios; c) el crecimiento del peonaje frente a la endeble estabilidad de los pueblos, y d) el fortalecimiento económico de los caciques frente a sus comunidades.
(Valle, 2003b: 70) 

De la segunda mitad del siglo XVII a la primera del XVIII se consolidan las haciendas, ya para la década de 1790 existían entre 21 y 25 haciendas, alrededor de 74 y 85 estancias y cerca de 23 pueblos de indios en toda la jurisdicción. A finales del siglo XVIII, Antonio Escobar señala que el 90% de la población de españoles, mestizos y mulatos se encuentra avecindada en los pueblos de Chicontepec, Huayacocotla, Ixhuatlán y Xochioloco. El censo de 1791 muestra una jerarquía ??racial? que parte en dos y ordena la estructura de clases:

[...] el grupo blanco-mestizo, con ocupaciones altas e intermedias, y el mulato-indio, con las intermedias y las bajas o desdeñadas, en donde se ubica a los 61 esclavos asentados en las jurisdicciones.
(Escobar Ohmstede, 1998a: 46) 

También en el siglo XVIII surgen los primeros tumultos o motines en la región: Ilamatlán en 1750 y Huayacocotla en 1784. Al parecer éstos se debieron a que las reformas borbónicas dieron inicio a políticas que ejercieron una mayor presión sobre la población campesina como la creación de monopolios (tabaco), nuevos impuestos y una cobranza más eficiente de estos. Aunque tampoco puede ser descartado que dichas rebeliones fueran resultado de la explotación o de luchas de poder entre actores locales, fueran españoles o indígenas.

En el mismo siglo aparecen los gobiernos indios, en medio de conflictos entre pueblos-cabecera y pueblos-sujetos, algunos de los cuales lograron separarse de sus cabeceras y al mismo tiempo erigirse como tales, lo que traería consigo la conversión de sus respectivos barrios en pueblos-sujetos y su consecuente tributación, pudiendo concretar el deseo de contar con su propio gobernador y cabildo y a su vez, eximirse de la pesada carga que les imponían sus cabeceras. Los cabildos apuntaban hacia una notable centralización de las funciones políticas y administrativas en cada pueblo:

[...] concentraban virtualmente una institución, desplazando, por lo menos en el terreno legal, a otras que hubieran. En segundo lugar, se remachaba el principio de una jerarquía piramidal dando a los caciques el cargo de gobernador. Inexistente en los cabildos españoles, tal cargo fue característico de los indios. En tercer lugar, el cabildo quedaba asociado espacialmente al sitio designado como cabecera, aunque las subdivisiones o dependencias de los pueblos, denominados barrios o estancias por los españoles y designadas globalmente como sujetos, tuvieron representación a través de algunos de sus miembros, en particular los denominados alcaldes.
(García Martínez, 1987: 99) 

Es sabido que gran parte de los caciques sobrevivientes contendieron por presidir los cuerpos de república y lo consiguieron en algún momento. Sin embargo, se conformó otro grupo político que comenzó a envestirse de un nuevo tipo de poder basado en el prestigio individual y la relación clientelar con los maseualmej y otros principales: el nuevo cacique sin nobleza que proliferará en el siglo XIX, ??cuyo poder descansa en el carisma o en su capacidad personal de intermediación y que suele poner en jaque a las estructuras tradicionales y burocratizadas del poder?. Asimismo, también en el siglo XVIII nuevas formas de autoridad son robustecidas, como los consejos de ancianos que gozan de gran legitimidad en los pueblos, mas no así ante las instituciones coloniales.

Las elecciones se convocaban por medio de las campanas de la iglesia o sonando un tambor, un domingo de mercado o después del trabajo de faena, para que todos los hombres se juntaran en la casa de la comunidad. Los ancianos o ??pasados? se encargaban de presentar a los candidatos para los puestos más importantes del gobierno, proponiendo tres candidatos y seleccionando a los electores ??por pluralidad de votos? para que ellos eligieran a los que debían ocupar los respectivos cargos. A continuación se ratificaba la elección y se proclamaba a los elegidos, entregando en el mismo acto las insignias de poder, es decir, las varas. Para el año de 1813 hubo elecciones de ayuntamiento por primera vez en Chicontepec e Ixhuatlán, entre otros.

Áreas ocupadas por el grupo étnico o cultura: Dentro de las múltiples singularidades que conforman las Huastecas se encuentra el inagotable debate sobre sus límites, tanto del área global como de las regiones que la componen, discusión alimentada por definiciones físico-bióticas por un lado y socioculturales por el otro. En este sentido, Ludka de Gortari Krauss y Jesús Ruvalcaba Mercado apuntan a definir la Huasteca mediante la conjunción de criterios ecológicos y culturales, identificando rasgos compartidos desde la Sierra Oriental hasta la costa del Golfo de México, incluyendo el sur de Tamaulipas, el sudeste de San Luis Potosí, el noreste de Querétaro e Hidalgo y el extremo norte de Veracruz y Puebla.

Según la clasificación por grandes ecosistemas la región de las Huastecas se asienta sobre selva alta perennifolia o bosque tropical perennifolio, selva mediana subperennifolia o bosque tropical subcaducifolio y, en menor medida, selva baja o bosque tropical caducifolio, con presencia de algunos manchones de matorral xerófilo.

??La mayoría de los municipios de la Huasteca están clasificados en la zona ecológica tropical cálido-húmeda, dos en la cálido-subhúmeda, uno en la templada húmeda y cuatro en la multizonal.?

Tiempo de ocupación del territorio: Como se explica en la sección etnohistórica, la región Huasteca tuvo dos momentos en que población nahua se adentró en sus fronteras, la primera a través de pueblos toltecas en el período epiclásico (hacia finales del 800, principios del 900 d.C.) y otra mexica durante el siglo XV de nuestra era. Los indígenas toltecas fundan una primera ciudad llamada Tula en lo que antiguamente fue Tulancingo, cuyo nombre náhuatl Tollantizinco, que significa ??lugar de la pequeña Tula?. Esta ciudad se formó por la unión de dos grandes grupos diferentes pero complementarios: los tolteca-chichimecas, llegados del oeste, que hablaban un dialecto nahua, y los tolteca-nonoalcas, que venían del sudeste y que probablemente hablaban una lengua mixteco-popol[o]ca. Roberto Williams detalla el recorrido que hacen los toltecas del Pacífico, que va desde el Istmo de Tehuantepec al poblado de Quiahuiztlan en Veracruz, de ahí a Zacatlán, Puebla, para retornar a la vertiente del Golfo de México a Tuzapan, prosiguiendo al norte, pasando por la provincia de Tzicoac hasta llegar a Huejutla, Hidalgo, donde descienden a Tulancingo y por último a Tula.

Guy Stresser-Péan comenta que después de algunos años de residencia en Tulancingo, los toltecas fundaron en Huapalcalco su capital definitiva en Tula, al noroeste del Valle de México. Tula fue el centro de un sólido imperio que dominó el México central durante casi tres siglos y cuya influencia, por un momento, se extendió hasta Yucatán. Su grandeza se debilitó en el siglo xii debido a tensiones internas y por la llegada de pueblos bárbaros del noroeste. Todo indica que después de este declive gran parte de la población se estableció en Culhuacán, en la región de Cholula y en la de Teotitlán del Camino, sin embargo algunos también se refugiaron en la Huasteca sur.

Más tarde, durante el posclásico, la expansión mexica vuelve a alcanzar esta zona, durante el reinado de Moctezuma Ilhuicamina, en el año de 1458, sujetando la provincia de Chicoaque [Tzicoac]. En suma, se puede afirmar que la presencia nahua en la Huasteca es de aproximadamente 11 siglos, teniendo diversas intensidades y siendo una verdadera zona de refugio de este pueblo en varios momentos de la historia precolombina y contemporánea.

Formas de asentamiento: Los asentamientos nahuas de la Huasteca se localizan en una zona que cruza la Sierra Madre Oriental por el sur, cerca de los límites con Puebla, cubriendo varios municipios de los estados de Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí. En este último estado, la disminución de población nahua marca el límite de la región interétnica. Las estadísticas oficiales mostraban que en el año 2000 la población hablante de náhuatl en la Huasteca representaba el 72% del total de población indígena, siendo el resto tének con 19%, otomíes con el 6% y 3% pames, tepehuas y totonacos. Los nahuas de la Huasteca son la población indígena más numerosa de la región con más de 675 mil hablantes y la concentración más grande de este grupo etnolingüístico en todo el país, representando el 27.6% del total de hablantes de esta lengua.

Las localidades que habitan pueden llegar a ser importantes ciudades, como Chicontepec en Veracruz o Huejutla en Hidalgo, hasta pequeños ejidos abocados a la producción agrícola. Los trazos de las comunidades nahuas tienden a ser irregulares, ??siguiendo los accidentes topográficos; valles, cañadas, arroyos y ríos son los límites naturales en la definición de los conjuntos de casas y de los solares que los rodean?. Muchas poblaciones presentan divisiones barriales, que permiten observar cualidades organizativas singulares en su forma de distribución de los cargos, en la toma de decisión asamblearia e incluso en las adscripciones organizativas y de cambio religioso. En la actualidad muchas de ellas han sido rediseñadas, presentando trazos urbanos alineados por bloques rectangulares de casas y cuadriculares delineadas calles o avenidas rectas.

Migraciones: La presencia nahua en la Huasteca es fruto de migraciones históricas que ha hecho que este pueblo adquiera características singulares y los diferencie de otros hablantes náhuatl del país.

En la actualidad, los indígenas jóvenes, solteros y casados, son los sujetos de mayor movilidad migratoria debido a las escasas oportunidades de empleo remunerado y a los bajos salarios regionales. El peonaje es una actividad cada vez más frecuente entre los nahuas que, junto a la emigración, han tomado fuerza entre los jóvenes, quienes suelen ir a ciudades como México, la zona cafeticultora en Huauchinango, Puebla; Poza Rica, Veracruz; Tampico y la zona cañera de Xicoténcatl en Tamaulipas; a Monterrey, Nuevo León y Saltillo en Coahuila, empleándose principalmente en el servicio doméstico, el comercio informal y la construcción. Las minas de Pachuca en Hidalgo, las agroempresas de San Luis Potosí y algunas ciudades de Estados Unidos son otros destinos que poco a poco toman relevancia.

Sistema de culto: La espiritualidad nahua es un complejo universo que en numerosos aspectos cotidianos y rituales emerge, haciendo ilegible la dicotomía sagrado-profano:

[...] la religión nahua tiene una cualidad panteística en la cual el universo y cualquier cosa en ello comparte una esencia espiritual viva. Entonces las cimas de los cerros, manantiales, inundaciones, ruinas prehispánicas, desfiladeros y formaciones montañosas son vistas por el nahua como la manifestación local de una fuerza animadora mayor.
(Sandstrom, 1991: 78, traducción del inglés) 

Para los nahuas de la Huasteca allegados a la espiritualidad autóctona, no existe tensión entre las deidades de diferentes religiones, pues ??es el mismo Dios?, Totiotsij, quien da vida a todo y permite que todo exista, siendo causa y consecuencia de la diversidad de entes, seres vivos y cosas, pues es evidente que si bien ??para la mayoría de cristianos Dios creó el universo, para los panteístas Dios es el universo?, desdoblándose en numerosas expresiones que, para el caso de los ??Patrones?, se corporizan por medio de manifestaciones que parecen naturales o artísticas, en los recortes de papel: ??sí, su ropa, de la Tierra, del Agua, de la Mesa, del Cerro, todos tienen su ropa, por eso los cortan los muñecos, pa?? la Cruz, para el Agua para lo que quiera lo ocupa, y también los cortan de los malos?. Estos seres forman parte del sistema social que incluye a los pobladores, ocupando la jerarquía más alta, con la salvedad de que estos seres son tonalij o ??sombras? de gran poder, ??son el Gobierno?. Estos seres, como todos, tienen que satisfacer sus necesidades, una de ellas es el bien comer, razón por la cual la mesa del costumbre y toda la ofrenda incluye alimentos especialmente cocinados y sazonados con esmero dada la delicadeza de los comensales, contando con una parafernalia festiva (de flores y música) y numerosos regalos (como ropa y utensilios en miniatura).

La diferencia de estos seres, además de la corporeidad, se conjuga con una cualidad de todo tonalij, la fuerza o chikaualistli. La constitución de todo sujeto está supeditada a su tonalij o ??sombra? y su cuerpo, poseyendo grados de chiikaualistli que harán del sujeto un curandero (cuando tiene mucha fuerza), un niño (casi sin fuerza) o un enfermo (perdiendo fuerza). Los curanderos, gracias al ??don? brindado por los ??Señores?, cuentan con mucha fuerza, permitiéndoles hacer tratamientos con el mundo Otro sin que corran tantos riesgos como una persona común, siendo personas con gran longevidad. Por su parte, los niños son débiles y susceptibles a la enfermedad por contar con un tonalij tierno, el cual carece de fuerza para enfrentar los ataques de ejekamej, quienes operan a nivel de las ??sombras? y las derrumban, poseen o desvinculan de su par carnal. Si bien la fuerza es una cualidad diferenciada de cada tonalij, las personas que no poseen un don especial la obtendrán mediante el trabajo, participando en los cargos y el costumbre, es decir, mediante ??el trabajo pasado?. Asimismo, los entes numinosos son tonalij con los mayores grados de fuerza, lo cual hace lógica la jerarquía que detentan. Bajo esta perspectiva, podemos dilucidar el valor que los nahuas otorgan a la colectividad en el trabajo, manifiesta también en el costumbre y en las formas hogareñas, no siendo otra cosa que acumulación de fuerza la cual, como vimos arriba, también puede contar con el apoyo de los ??Señores?. Hemos elegido el concepto de mundo Otro para hacer visible la dualidad que opera en el concepto propuesto por Michel Perrin para sociedades donde suele dividirse al mundo en dos espacios: ??este mundo? y el ??mundo otro? (1995 [1990]: 2). La diferencia que existe entre los pobladores de este mundo y el Otro está magnificada en las ceremonias y actividades rituales. Al respecto Adelfo Regino anota:

[...] la fiesta constituye el vínculo simbólico y material entre lo que en la lengua mixe denominamos ??it? y ??jatuuk it?, es decir, entre este y el otro mundo. La fiesta es un acto que representa de forma muy especial la dualidad, en el que se agradece al creador y dador de vida, y se le pide abundancia y bendición. La fiesta representa el fin y el principio de vida en el que [11] se camina con alegrías y dificultades.
(Regino, 2003: 12) 

El costumbre es un momento privilegiado en que la presencia de los ??Señores? es más notoria, desde los peligrosos ejekamej, con Tlalejekatl, de la tierra, Apanejekatl del agua, Kuatlitlalejekatl del monte, Tlasolejekatl, resultado de la relaciones sexuales, Kruxejekatl de la cruz del cementerio, Miktlakoronejekatl del cementerio y Mikilistli o la muerte, entre los más representativos, hasta aquellos con cualidades caprichosas como Tlakatekolotl (Hombre Búho), el Diablo y los chanequemej. Asimismo se encuentran halagados los que ayudan a los pobladores y sus milpas, como Tonatij (Sol) Meestli, (Luna), Sitlalimej (Estrellas), Ejekatl (Viento), Apanchane (la Sirena), Totlaltetatauaj (Padres de la Tierra), Xiuantsij (Lumbre), Tepetlakamej (Señores del Cerro) y Tepemej (Cerros), las Xinachtlimej (Semillas), entre las que destacan Chikomexochitl y Makuilixochitl (Espíritus de la Semilla), todos ellos con pareja, junto a los Santojtsimej (Santos), Toteko (Cristos) y Tonantsij (Virgen de Guadalupe), haciendo un enorme y difícilmente inventariable conjunto de entes. Todos estos referentes y sus habitantes son el mundo Otro, pero esta otredad está dada por cierta extranjería de nosotros en él, más que de ellos en este mundo, pues es indudable su incidencia en la vida cotidiana, en nuestra vida, haciendo de los mundos un compacto tejido, ??moneda cuyo anverso es este mundo y reverso el otro?, donde la alteridad estaría anclada en el prójimo similar a mí, dejando la otredad reservada a la relación con el mundo numinoso.

Si bien la extranjería de los pobladores es una relación franqueable a través del sueño, el costumbre y las prácticas de los curanderos, no se reduce a ello, pues es algo que siempre se tiene presente y de ordinario se realizan numerosos actos directamente relacionados a la reciprocidad establecida con las divinidades. Este cohabitar con la Otredad tiene franca relación con lo respetuoso y reservado de la afectividad nahua, dadas las jerarquías inminentes que diferencian ambos mundos, haciendo de la cortesía y la frase reverencial ??un lenguaje adecuado, es decir de respeto, para convencer a los dioses supremos y lograr de esta manera su voluntad de acceder a lo que les pedimos?. Esta presencia permite afianzar y reforzar las relaciones comunitarias, y es el sustrato del mundo del nosotros, pues cuando en náhuatl se enuncia el pronombre tojuantij (nosotros) no se habla de forma excluyente entre un nosotros y un otro, sino de forma incluyente, donde nosotros implica a los pasados, a los antiguos e incluso a los entes numinosos, evidente en actos del costumbre como al incluir diferentes entes numinosos en bailes dedicados a otros seres. Asimismo, en todo proceso productivo se vincula a estos seres, sea la siembra gracias al Chikomexochitl y Apanchanej por ejemplo, sea la cocina gracias a Xiuantsij, o en lo artesanal gracias a la destreza que los entes ejercen en el hacer: ??yo empiezo y no sé cómo, pero así sale?. Este mundo y el mundo Otro se sintetizan en el mundo del nos-otros.

Por último, queremos hacer énfasis en un matiz pertinente para sostener la singularidad de la relación nahua con el mundo Otro, pues su espiritualidad que busca mantener el equilibrio del universo es a condición de no perder de vista que dicho ??equilibrio? es resultado de la relación especial con los ??Señores?, pues en la medida en que estos se encuentren contentos y satisfechos por el trato de los humanos, ellos podrán establecer vínculos de reciprocidad estables, edificando un estado ventajoso a los pobladores.

Sistema económico: Entre los nahuas de la Huasteca podemos encontrar las tres formas económicas descritas por Karl Polanyi, a saber: recíproca (una suerte de intercambio directo), redistributiva (en la cual los bienes van del fondo de la escala social a lo más alto, para más tarde retornar en parte al fondo), y de mercado (donde el intercambio ocurre de forma monetaria en un espacio público). Una de las formas privilegiadas entre ellos es la reciprocidad, no sólo en especie, sino de trabajo, principalmente agrícola, donde la mano vuelta, la faena y la participación en cargos de autoridad son su manifestación más palpable. Asimismo, en el costumbre, además de realizarse una faena ritual durante los preparativos, se establecen lazos recíprocos con los ??Patrones?, donde ellos reciben numerosos regalos que después retornarán en forma de lluvia, maíz, yolistli (vida) (supra. Ceremonias, ritos, fiestas, y danzas).

Por otro lado, el esquema redistributivo se observa en la característica forma de impartición de justicia que practican las comunidades, donde las multas que se colectan por infracciones son utilizadas para las diligencias comunitarias de los Jueses o Delegados, o bien, retornarán en las fiestas patronales que estos organizan como parte de su labor. Asimismo, cuando la multa se asigna en jornadas de trabajo éstas se dirigen a obras de útiles a la comunidad.

Por último, la relación con el mercado es manifiesta y cada vez más imperativa, desplegándose tanto en productos agrícolas como en el mercado de trabajo, por medio del peonaje y la migración. Asimismo, la situación de concentración de poder económico en diferentes puntos de la Huasteca hace que se perciba una relación de mercado policéntrica, donde las ciudades con mayor concentración de mestizos son las que ejercen mayor influencia.

Sistema político: El sistema político tiene una alta relación con las actividades agrícolas de la población. Las Asambleas son el dispositivo colectivo de toma de decisión jerárquicamente más alto, sea para la comunidad o en los territorios agrarios (ejidos y comunidades). Deseamos resaltar en este punto que si bien las Asambleas son colectivas, no se deduce de ello que sea una cultura ??igualitaria?, pues si bien en estos espacios se privilegia el diálogo entre los participantes, ésta forma parte de la estratificación comunitaria, donde la unidad doméstica se encuentra en el nivel inferior, los comités y autoridades de barrios o secciones más adelante, las autoridades agrarias y comunitarias enseguida, después las Asambleas y por último, el mundo Otro, donde se pueden observar las relaciones características de las unidades familiares (como la dualidad hombre-mujer), así como las formas establecidas en Asamblea, como la de Comités y los dispositivos asamblearios, como lo muestra el mito del diluvio (ver apartado Cosmovisión). Los espacios femeninos y masculinos están altamente diferenciados, las Asambleas son lugares privilegiados de participación masculina; algunos Comités fungen en ocasiones como dispositivos de participación política visible femenina, lo cual si bien muestra las posiciones que muchas mujeres sostienen, no garantizan paralelismo en la toma de decisión, incluso pueden influir de forma negativa, sosteniendo órganos de participación política paralelos y anexados a los dispositivos políticos consuetudinarios.

Durante los años 70 la región fue escenario de cruentas luchas que respondían a las condiciones de exclusión y discriminación que la población mestiza regional había sostenido trascendiendo las reivindicaciones agrarias posrevolucionarias, lo cual detonó movilizaciones que desembocaron en una intensa toma de tierras y sangrientos enfrentamientos. Actualmente este aspecto se ha matizado, aunque la organización indígena sigue desarrollándose, desde cuestiones productivas hasta reivindicativas.

Por último, la influencia de partidos políticos en la región ha sido cada vez más intensa; la lucha por la alternancia de agrupaciones políticas ha sido un elemento que en más de una ocasión ha generado divisiones al interior de las localidades, dislocando la forma de participación colectiva y generando facciones que violentan los dispositivos asamblearios.

Clasificación: El pueblo nahua de la Huasteca es principalmente agrícola, donde la producción milpera de temporal es la principal actividad productiva y económica que, como es sabido, no se restringe sólo al maíz, sino que se asocia con el frijol, calabaza, chile, cacahuate, árboles frutales, etcétera, mientras que en regiones serranas el café continúa siendo una de las opciones productiva. Históricamente, las cualidades regionales de la Huasteca facilitaron el acceso de agricultores avanzados a las tierras áridas del altiplano septentrional, estableciendo relaciones estrechas entre la costa y dicho altiplano desde épocas tempranas, facilitada por la franca variabilidad ecológica, formando ??zonas simbióticas? de desarrollo agrícola e intercambio de productos. Por otro lado, desde la colonia, la cría de ganado mayor y el cultivo de caña de azúcar cuentan con relevancia mercantil, siempre y cuando se cuente con vías de comercialización mestizas.

DESCRIPCI?N DE LA ECO REGI?N:

Oferta Climática: Se describe el clima de la región como caliente y húmedo, con temperaturas anuales medias que varían entre los 22 a 26° C (Am(f), Am, Am(w) en el sistema modificado de Köppen), con abundante lluvia en verano de hasta 2000 mm anualmente.

Los factores climáticos, como es natural, también presentan vértices negativos, dentro de los que podemos mencionar: ??las sequías que se presentan en tres de cada diez años, las granizadas locales, los huracanes que azotan a la región cada año, pero que junto con destrozos acarrean lluvia y, para los cultivos tropicales, las heladas que la afectan uno de cada diez años.?

Oferta de suelos: Edafológicamente no se observan los suelos gley propios de zonas sujetas a constantes lluvias; toda la porción tamaulipeca y buena parte de las Huastecas potosina, hidalguense y del noroeste veracruzano cuentan con suelos de rendzina, proveniente de roca madre caliza. Al respecto Ángel Bassols apunta: ??Esta capa superficial tiene abundante carbonato de calcio y materias orgánicas, por lo que los suelos se consideran ??ricos? y proporcionan buena base para el desarrollo agrícola (tabaco, caña, cítricos) y para la ganadería. El Noreste de Veracruz, con climas menos húmedos y abundantes pastos, está cubierto por suelos de pradera o sabana, que también poseen materia orgánica (Stevens los considera predominantemente podzoles-lateríticos) [...] con algunos manchones de tierra negra en partes altas, donde también se observan suelos podzólicos (Sierra de Chicontepec y Noroeste de Puebla)?.

La edafología que los nahuas emplean en la Huasteca meridional registra tres tipos básicos de suelo que, como es de esperarse, tienen una franca relación con su vocación agrícola:

[...] atlali (??tierra chata? o ??lugar lodoso?, literalmente ??tierra de agua?), encontrado a lo largo de ríos y arroyos, excelente para plantar; cuatlali (??tierra de monte?, literalmente ??tierra de bosque?), el mayor tipo de suelo en Amatlán y generalmente bueno para cultivar; y tepetlatl (??piedra de borde?), suelo pedregoso encontrado en algunas laderas y muy pobre para cultivar.
(Sandstrom, 1991: 58, traducción del inglés) 

Oferta del Relieve: Las Huastecas pueden ubicarse como una región de tierras bajas en el extremo norte de la franja costera tropical y húmeda del Golfo de México, limitando al oeste con la Sierra Madre Oriental y al norte con la Sierra de Tamaulipas. Dentro de esta región se encuentran llanuras que ocupan toda la parte norte, alternándose al sur con colinas de arenisca calcárea. En las zonas montañosas es común encontrar afluentes con crecientes elevadas, mientras que grandes ríos escinden llanuras pantanosas, testimoniando la frontera norte el río Pánuco y la del sur el Cazones.

Vegetación y biomas: El territorio huasteco donde se asientan los nahuas está compuesto de diversos matorrales xerófilos, bosques tropicales caducifolios y espinosos, así como bosques de pino-encino que de acuerdo a su patrón de distribución, aunado a las migraciones de diversas especies, cambios climáticos y efectos de altitud lo constituyen como ??una de las regiones con más alta diversidad florística del país y con un alto grado de endemismo debido a sus variados tipos de vegetación?.

Dentro de los representantes más dignos de la agrobiodiversidad de la región se encuentra el maíz, cuyas razas locales tienen la virtud de ser resistentes a las sequías, además de ??su buen gusto y palatabilidad?.

El clima, junto con el relieve y la latitud, favorece la existencia de vegetación de tipo Selva alta perennifolia en la región que corresponde a los estados de Hidalgo y Veracruz y Selva mediana subperennifolia en la porción correspondiente a San Luis Potosí.

La selva alta perennifolia es la más exuberante gracias a su clima de tipo cálido y húmedo, presentando una composición florística muy variada y rica en especies. Predominan árboles de más de 25 mts. de altura, así como numerosas especies de orquídeas y helechos y una buena representación de epífitas y lianas. Por su parte, en la selva mediana se pueden encontrar ejemplares de parota, cedro rojo y varias especies de ficus junto con distintas especies de lianas y epífitas.

La Huasteca presenta una flora elevada en algas, diversa y diferente de otras cuencas de la región central de México, identificándose un total de 233 taxas de algas, 219 especies y 14 variedades, siendo las diatomeas el grupo más diverso con 118 especies, siguiendo las cianófitas y las clorofitas. Las diferencias con otras cuencas parecen estar relacionadas con el origen geológico y el clima, lo que afecta las características físicas y químicas del agua.

CARACTERIZACI?N DE LA OFERTA HÍDRICA:

Oferta atmosférica: Las Huastecas son la región septentrional de la costa este mexicana con bosque tropical donde los índices de precipitación están subordinados a la altitud, es decir, mientras que en las partes bajas podemos encontrar niveles medios que van de los 800 a los 1600 milímetros por año, en las altas encontraremos promedios que pueden llegar hasta 1600, con variaciones en el nivel inferior en torno a los 1200 milímetros de agua anuales.

Oferta superficial: El territorio nahua de las Huastecas se asienta en tres grandes cuencas de la vertiente del Golfo de México, éstas son las de Tuxpan y Cazones pertenecientes a la región hidrológica de Norte de Veracruz (RH 27), y la cuenca del Pánuco, perteneciente a la región hidrológica de Bajo Pánuco (RH 26)

México

mexicoii Zapotecas del Itsmo Zapotecas del Itsmo Xochimilcas Xochimilcas Tzotziles Totonacos Tlapanecos Tepehuas Teenek Raramuris Nahuas de la Huasteca Nahuas de la Huasteca Nahuas de la Huasteca Nahuas de la Huasteca Nahuas de la Sierra Norte de Puebla Nahuas de la Montaña de Guerrero Otomíes Mixtecos de Oaxaca Mixes Mazahuas Mazahuas Haves Huicholes Huicholes Mexicas Mexicas Mayas Mayas Chontales de Tabasco Zapotecas del Itsmo Xochimilcas Tzotziles Totonacos Tlapanecos Tepehuas Tepehuas Teenek Teenek Raramuris Raramuris Purépechas Purépechas Nahuas de la Sierra Norte de Puebla Nahuas de la Montaña de Guerrero Otomíes Otomíes Otomíes Otomíes Mixtecos de Oaxaca Mixes Mazahuas Haves Huicholes Huicholes Huicholes Mexicas Mexicas Mayas Mayas Olmecas Olmecas Olmecas Chontales de Tabasco
Fuente: Conagua, Subdirección General Técnica

 
          Los principales ríos de la región son Cazones, Pantepec, Vinazco, Tuxpan, Amajac, Garcés y Calabozo, Moctezuma, Tempoal y Pánuco los cuales a su vez, cuentan con otros afluentes. Todos ellos pertenecen a la vertiente del Golfo de México. 

Oferta subterránea:

          La oferta subterránea de agua es bastante elevada. En todas las comunidades nahuas de la Huasteca existen manantiales, al menos uno por localidad.

          Los acuíferos sobre los que se asienta la región nahua en la Huasteca son:

Álamo ?? Tuxpan
Tampico ?? Misantla
Calabozo
Atlapexco ?? Candelaria
Atotonilco ?? Jaltocan
Tamuín
Orizatlan
Huasteca Potosina 

          No se reportan acuíferos sobre explotados. Las características físicas de la Región, los altos índices de infiltración y los grandes volúmenes de lluvia propician la recarga natural en los acuíferos. En la región hidrológica de Norte de Veracruz, la recarga media anual es de 2,000 Mm3 y la extracción media anual de 850 Mm3.

          Por su naturaleza cárstica, los acuíferos de la Huasteca son más susceptibles a la contaminación debido a la relativa facilidad con la que se lleva la filtración del agua.

 

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