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La gestión del agua, una fuente de conflictos (*)por Chloë Fox, septiembre 2000 -En el extremo oriental del Pacífico Sur se encuentra la República de Kiribati, formada por 33 islas que cubren una superficie de 811 kilómetros cuadrados. Todas esas islas menos una son atolones situados a ras del agua en una cadena volcanica sumergida y rodeados de arrecifes. Ninguna se eleva más de 8 metros por encima del mar. Sus 75.000 habitantes viven al ritmo del océanos: toda su vida depende de él, desde la comida hasta el transporte. Una tercera parte de la población, fundamentalmente micronesia, se concentra en Tarawa, que alberga la capital del país, Bairiki. Unas 30.000 personas luchan cada día por encontrar agua. El agua de lluvias es poco abundante, y las aguas subterráneas son la principal fuente de agua dulce y cada vez escasean más en el Pacífico. Sea cual sea su origen, de todas maneras el agua es escasa y se contamina fácilmente. El aumento de la población agrava el problema: en 1995 en Kiribari, el índice de población aumentó al 1.4% y, en el sur de Tarawa, al 2.2%.
Desde 1995, Ian White ha viajado a menudo a Baikiri para la Comisión de Geología Aplicada del Pacífico Sur (Programa Hidrológico Internacional - PHI - de la UNESCO), en el marco de un estudio sobre la alimentación de agua de lluvia de una capa dulce situada en una reserva acuífera de Bonriki. Las tierras que contienen esas capas de agua dulce muchas veces se declaran reservas públicas. Por esta razón, Ian White y su equipo estudian los problemas relacionados con la creación y gestión de esas reservas de agua dulce. Desde el principio el equipo ha querido que la población local participe en el proyecto e identificar los problemas socioculturales relacionados con la gestión del agua y con la propiedad de las tierras. "El equipo intentó introducir un componente cultural en la ciencia hidrológica clásica", señala el Dr. Mike Bonnell, uno de los expertos del PHI. Pero no fue fácil. "La gente parecía totalmente indiferente a la existencia de aguas subterráneas, recuerda Ian White. Parecía que no se diera cuenta y no tuviera la más mínima idea de que la situación hidrográfica se estaba volviendo crítica. En realidad parecía ignorar todo lo referente al agua". Además, a lo largo de las reuniones con las personas mayores de Bonriki, propietarias tradicionales de la reserva, el estudio reflejó un conflicto más amplio, relativo a la creación de una reserva acuifera y de un aeropuerto internacional en los terrenos de Bonriki. Los ancianos se oponian al gobierno e intentaban incrementar el importe de las compensaciones económicas y sociales. Esta situación influía en las reacciones de los vecinos con respecto al estudio, quienes creían que los investigadores estaban involucrados, de uno u otro modo, en aquella disputa. Conflicto políticoEl equipo de Ian White empezó entonces a estudiar las relaciones de las personas con el agua, prosiguiendo los estudios hidrológicos más clásicos sobre el origen del agua y el volumen disponible, y descubrió que la creación de reservas de agua era uno de los temas que afectaba e interesaba a toda la comunidad. Una mirada a la legislación y a los acuerdos institucionales de los acuerdos legales reveló una multitud de situaciones conflictivas: no existía ningún acuerdo legal entre el gobierno y los propietarios privados de los terrenos (propietarios de las reservas públicas que se hallaban en sus tierras). Las formas tradicionales de gestión y de propiedad del agua y de la tierra no tenían nada que ver con las prácticas que estaban vigentes. Era absolutamente necesario que la población de Bonriki y los representantes del gobierno debatieran con franqueza sobre los problemas relacionados con el agua. Ian White decidió redactar un breve informe, pero surgieron nuevas dificultades. "La tradición oral es muy fuerte en el Pacífico, explica. Uno de nuestros errores fue utilizar un documento impreso para transmitir nuestro mensaje. Yo envié un resumen de cuatro páginas de nuestro trabajo a un responsable que debía presentarlo al gobierno. Ese responsable manifestó que era demasiado largo y me explicó que la escritura no era su principal forma de comunicación. Añadió que, literalmente, había estanterías llenas de informes muy caros realizados por asesores, que nunca habían leído. Ahora pienso que hubiéramos tenido que presentar nuestro informe de una manera muy distinta": El equipo de la UNESCO propuso ofrecer a la población local una formación sobre la gestión del agua dulce, a través de las escuelas y de programas educativos comunitarios, con el fin de que la comunidad pudiera asumir posteriormente la gestión del agua. Pero el gobierno local no estaba convencido. "El gobierno y nosotros no teníamos la misma concepción de las posibles repercusiones, explica Ian White. Por ejemplo, para nosotros, el mejor enfoque consistía en devolver las tierras a la población y transferirle también el 'orgullo' de gestionar el agua. Pero el gobierno habría preferido levantar una barrera de 20 metros alrededor del manantial y gestionarlo directamente. Nosotros estábamos convencidos de que había soluciones a los problemas de los habitantes, que tenían quejas legítimas con respecto a la propiedad de las tierras". Ian White y su equipo esperan que el gobierno tome
pronto una decisión, sea cual sea. Donde ellos viven, en Canberra,
el consumo de agua es de 560 litros al día por persona. En Tarawa,
es de 40 litros y no deja de disminuir.
Este artículo fue publicado en la Revista Fuentes de UNESCO No. 126 de setiembre de 2000, páginas 14 y 15. |
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